lunes, 16 de abril de 2012

Primer combate de Alejandro


Capítulo 4



               Alejandro se encontraba solo, no sentía miedo, estaba dispuesto a todo para rescatar a Isabel, sabía que ella era una parte de él y más que nunca decidido a recuperarla, cuando dio el primer paso para introducirse dentro del río, escuchó un estruendoso ruido, vio cómo la tierra se abría para dar paso a un enorme árbol, cuyas ramas le golpeaban impidiendo que siguiera su camino, él desenfundó su espada y arremetió contra su adversario cortándole rama por rama, en el instante que el filo de su espada atravesó la savia del tronco, este cayó desplomado al suelo, para continuar río arriba tenía que recuperar fuerzas, se sentó y apoyó su espalda en una roca, poco a poco se fue durmiendo y en el mundo físico su madre le despertó, a la hora y media salía con su padre y sus dos hermanos mayores, al sembradío de papas que se hallaba a siete kilómetros de distancia, tuvieron que utilizar dos caballos para el viaje por senderos estrechos, en el trayecto José el hermano mayor comenzó a golpear al caballo para que corriera más deprisa, al sentir miedo se agarró de la rama de un árbol y quedó suspendido en el aire, en cambio, Alejandro que iba montado en el mismo caballo cayó al suelo y empezó a rodar en dirección a un precipicio demasiado profundo, a escasos metros del borde alcanzó a sujetarse de un arbusto, Vicente su padre desesperado corrió a su encuentro, extendió sus manos consiguiendo cogerlo de los brazos y transportarle hacia el camino, así pudo salvarle a tiempo, antes de que el arbusto se desprendiera de la tierra por completo, el padre le reprendió a José y le dijo que no cometiera otra imprudencia, Alejandro en voz baja agradeció a Nereida por salvarle la vida prometiéndole liberar a Isabel.

               Después de llenar dos sacos de la cosecha de papas, lo pusieron sobre el lomo de los caballos, se dirigieron a la carretera para regresar a casa, ellos iban a pie, a mitad del trayecto comenzó a llover, tuvieron que resguardarse en una pequeña cueva, cogieron del suelo ramas secas y prendieron fuego, Vicente cavó un agujero donde colocó primero el carbón que ya estaba al rojo vivo, encima un recipiente de aluminio con veinte papas, lo tapó y lo cubrió con tierra, una vez cocinadas se las comieron, el cielo parecía estar muy enojado, caían rayos hasta que se hizo de noche, no tuvieron más remedio que esperar que amaneciera para continuar el viaje. Durante la noche Alejandro fuera de su cuerpo físico se transportó al mismo sitio que se puso a descansar, fue grande su sorpresa al ver que el árbol que le atacó estaba nuevamente de pie, dispuesto a impedir que llegara a la cima de la montaña, entonces desenvainó su espada y tras un intenso combate comenzó a cortar las ramas y clavarle en el tronco atravesando la savia, este cayó fulminado al suelo, para asegurase que no volviera a renacer le prendió fuego, mientras se consumía por las llamas, se dio cuenta, que no era un árbol, sino un animal en forma de árbol.


               Luego de un breve descanso, se metió al río y avanzó en contra de la corriente, tenía que hacer el máximo esfuerzo para no ser arrastrado río abajo, cada vez que tropezaba se aferraba a una roca cercana, después de recorrer dos kilómetros sentía que le flaqueaban las piernas, de pronto despertó sobresaltado porque a escasos metros de la cueva había caído un rayo, ya no pudo dormir, más bien se puso a recordar todo lo vivido en sus sueños, al amanecer prosiguieron camino al pueblo.

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