jueves, 14 de junio de 2012

Presentación del libro "Los Sueños de Alejandro e Isabel

 
 

Por BENITO DE DIEGO GONZALEZ
Miembro de la Asociación Española y Madrileña de Críticos de Arte

             Isabel nace en un innominado pueblo, en casa humilde, y es adoptada, en contra de la voluntad de su madre, por la familia más rica y poderosa de la comunidad. Esta circunstancia será conocida más adelante por Isabel, lo que constituirá un elemento importante para el fortalecimiento  de su natural rebeldía ante la injusticia.
 
              El niño Alejandro llega al pueblo con su familia campesina y conoce muy tempranamente a Isabel. Desde entonces sus vidas quedan inexorablemente unidas. El amor que nace entre ellos, ya en la adolescencia, fructifica, tras el matrimonio, en el pequeño Alejandro, depositario de la historia que le cuenta su abuelo, en la que Alejando e Isabel, sus tatarabuelos, son los protagonistas.
  
             A Isabel, poseedora de una energía incontenible, la domina y espolea el ardor y el dolor de la injusticia. Sentimiento en el que es acompañada por su Alejandro, que comparte con ella la conmiseración hacia los pobres y oprimidos.
   
            Con esta vocación arrolladora, Isabel inevitablemente se convierte en una líder popular y termina por crear un partido político, con el que concurre a las elecciones. En su pueblo, inicia toda una serie de reformas sociales y económicas que, inevitablemente despiertan el odio de los poderosos, por lo que finalmente, amenazada de muerte, se ve obligada a abandonar. No se rinde, no renuncia Isabel a su sueño quimérico de su personal utopía, simplemente aplaza su consecución cuando dice: “nuestra labor de hoy será centrarnos más en la educación de los niños, ellos están llamados a cambiar el mundo”.
  
             Alejandro, en sus oníricas ensoñaciones, ha de ser, cual caballero artúrico, el rescatador y salvador de su señora Isabel y la lleva, al final de la narración y de sus sueños, guiado por la Nereida, a alcanzarle el triunfo, cuando: “el padre de Nereida colocaba la corona en la cabeza de Isabel, los asistentes se pusieron de pie y aplaudían a Isabel, como Reina del Mar”.
  
            Estamos ante una fabulosa narración, de palabra y sintaxis sencillas, directas, que, como dice el autor, “hay que leerla con mente abierta, receptiva, sin prejuicios de ninguna clase y hacer volar a nuestra imaginación, para capturar la magia y los misterios que encierra el Universo”.



 


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